Antes de entrar en materia y hablar sobre Decentralized Finance (DeFi), considero importante contextualizar sobre su origen filosófico y funcional, para comprender en qué se diferencia su propuesta de valor al de las finanzas tradicionales.

 

En 2009, Bitcoin fue conceptualizado por Satoshi Nakamoto como un “Un Sistema de Efectivo Electrónico Usuario-a-Usuario”. Esta noción innovadora permitió sentar las bases de una plataforma global, descentralizada, neutral, resistente a la censura y abierta, que complementaría (o reemplazaría) al sistema tradicional de intercambio de valor.

 

En el whitepaper de Nakamoto, se describe el funcionamiento de un nuevo tipo de Registro Distribuido (DLT, por sus siglas en inglés), en donde a través de un protocolo de consenso aceptado por todos los participantes de la red, se puede dispersar una copia del libro de transacciones, evitando un punto central de falla o control.

 

A esta primera blockchain pública se le conoce como Bitcoin.

 

A diez años de su invención, se han replicado proyectos que funcionan, al menos, bajo sus mismos principios de descentralización y tecnología matriz: el blockchain o cadena de bloques. Por ser de código abierto, muchos entusiastas, pensadores y programadores han puesto su mirada y contribuido en su desarrollo.

 

Así como en su tiempo, países del hemisferio occidental separaron el poder de la Iglesia y el Estado, la propuesta de Bitcoin es similar: separar el dinero de la política. Una divisa virtual regulada por las matemáticas, ajena a caprichos o manipulaciones sectoriales, gestionada por la gente, con carácter global y basada en internet.

 

Los guardianes del dinero

El potencial de estos sistemas descentralizados se ve mermado, al depender del sistema político-económico tradicional. Hasta que los criptoactivos no sean adoptados masivamente por la población, las rampas de acceso y salida (e.g.: casas de cambio y bancos), serán una interfaz necesaria para que el 95% de la población que no posee criptomonedas, pueda transformar un tipo de dinero (fiat) en otro (criptoactivos). 

 

Desde una perspectiva simplista, la lógica detrás del sistema financiero mundial se fundamenta en el control de la emisión monetaria por parte de los Estados. La administración de estos activos es ejercida por instituciones bancarias e intermediarios financieros.

 

Estos guardianes reciben una compensación por la prestación de sus servicios; y los ciudadanos, al ceder la autonomía sobre el control de su dinero, obtienen la promesa de un resguardo efectivo y acceso conveniente a sus fondos.

 

No obstante, los sistemas centralizados no son infalibles. Crisis financieras mundiales, como la de 2007-2008, caracterizan este punto y demuestran que cuando el control está en manos de pocos actores, el riesgo acumulado tiende a amenazar la estabilidad de todo el sistema, acelerando su entropía. 

 

Las DEFI como evolución del movimiento fin-tech

Medidas como la PSD2, en Europa, han abierto una compuerta necesaria para la innovación del sector financiero. En los últimos años se han dado avances regulatorios importantes para que nuevas startups puedan crear aplicaciones y herramientas financieras eficientes, cosa que antes era imposible de imaginar.

 

Pese a ello, resulta anacrónico que en una era dominada por tecnologías exponenciales como la Inteligencia Artificial, Machine Learning y redes de supercomputadoras, un sistema tan lento, como lo es SWIFT, continúe tutelando la mayoría de las transacciones bancarias internacionales.

 

Las fin-tech representan la evolución y sus ventajas son evidentes. En este cóctel de innovaciones aceleradas, ocurridas en los primeras décadas del siglo XX, vale la pena pensar cuál será el próximo paso tras el advenimiento y masificación de las aplicaciones fin-tech.

 

En un contexto donde gradualmente los ciudadanos se vuelven más conscientes sobre el valor de preservar el control de su información personal y la importancia de la privacidad en medio de la era digital, no podemos desvincular el concepto fintech de las ideas pro descentralizaciónPor lo tanto, las DeFi pudieran ser en algunos casos, la evolución natural de las fintech.

 

Las fin-tech son sin duda, un eslabón necesario en esta nueva oleada de aplicaciones descentralizadas para la gestión de asuntos financieros, y la respuesta de una generación que entiende la transformación digital como un proceso imparable, necesario y positivo.

 

Ahora sí, después de este largo preámbulo:

 

¿Qué son las DeFi?

 

Podemos definir las DeFI como la construcción de un sistema financiero alternativo, que funciona bajo los conceptos de gobernanza descentralizada, neutralidad, privacidad, inclusión, apertura y transparencia.

 

La autonomía que ofrecen las DeFi, desplazaría el control central que ejercen gobiernos y Grandes Empresas.

 

Algunos apuntan a que las DeFi son un rebranding de otro concepto similar, “Open Finance”, una noción que lleva más tiempo merodeando foros libertarios y ocupando tertulias esporádicas en universidades. Las DeFi son posibles gracias a plataformas como Bitcoin y Ethereum, que actúan como base o primera capa, para que éstas puedan operar.

 

DeFi en la actualidad. Algunas aplicaciones y servicios.

 

  • Lightning Network: es una red de canales de pago que funciona sobre Bitcoin. Permite transacciones instantáneas en BTC. Cuenta con más de 4500 nodos y una capacidad de procesamiento de $9 millones.

Lightning Network ha servido a su vez para que empresas fin-tech, como foldapp.com, ofrezcan pagos de productos y servicios (boletos aéreos, tiendas por departamento, cafeterías, etc) con bitcoin. He aquí un ejemplo más del binombio fin-tech/DeFi.

 

  • MakerDAO: plataforma que respalda el valor de una stablecoin anclada a la cotización dólar, DAI, a través de un sistema de Posiciones de Deuda Garantizada (CDP) en ether (ETH). Este proyecto mantiene un 51% del volumen que circula en las DeFi ($514.2 millones).

 

  • Compound: es un protocolo descentralizado sobre Ethereum que permite a los usuarios ganar intereses al prestar sus criptoactivos. Ofrece tasas de interés variables, ajustadas automáticamente por un algoritmo. En algunos casos, llega a pagar hasta un 18% de APR. 

 

  • Exchanges descentralizados (DEX): son plataformas que permiten el intercambio de criptoactivos, permitiendo mantener el control de tus llaves privadas en todo momento. En Dex.ag se pueden observar las principales tarifas de 11 DEXes. 

 

Desafíos de las DeFi

 

Como ocurre con muchas de las soluciones basadas en blockchain, una de las mayores barreras de entrada de las aplicaciones DeFi es lo complejo que resultan técnicamente para el usuario promedio. Conceptos como llaves privadas, wallets en frío, tiempos de confirmación y hardfork, equivalen a escuchar palabras en lengua extranjera para un ciudadano  monolingue.

 

No obstante, han habido avances. Dharma, una startup de Silicon Valley, que ofrece préstamos y pago de intereses en DAI, es un ejemplo de simplificación e interfaz amigable.

 

Otro de los retos a los que se enfrentan las DeFi, es la eventual fragilidad de los smart contracts. La actividad y funcionalidad de estas plataformas son reguladas por los llamados contratos inteligentes. Si son hackeados o existe una puerta trasera en su código, pudieran poner en riesgo los fondos de los usuarios.

 

Vale la pena acotar que los principales productos DeFi suelen ser auditados continuamente por firmas de seguridad informática de gran prestigio. Del otro lado de la moneda, al ser de código abierto, no se estanca su desarrollo y el progreso queda en manos de miles, sino millones, de programadores en todo el mundo.

 

Queda mucho trecho por recorrer. Veremos en los meses -o años- por venir cómo avanzan estas tecnologías y cuáles serán los beneficios que traerán a miles -o millones- de personas en todo el mundo.